Curiosidades

Cruce Estrecho de Magallanes en botes de goma propulsados con motor

Por Bartolomé Abella Nazar

“Contra viento y marea para unir al país” tituló la Revista La Nación el 30 de abril de 1983. Se cumplen 40 años de una aventura náutica que tuvo un significado político y otro deportivo

El primero demostrar con la travesía de endebles botes neumáticos propulsados a motor cruzar la boca oriental del Estrecho de Magallanes desde Cabo Vírgenes hasta Cabo Espíritu Santo la factibilidad de instalar un sistema de transbordadores entre el continente y Tierra del Fuego para no depender de Chile para acceder a nuestro territorio austral.

El primer cruce Náutico de Integración Territorial Argentino abriría una ruta para acceder a nuestros confines australes. El ambicioso proyecto quiso demostrar mediante este hecho deportivo el acortar la distancia entre Rio Gallegos y Rio Grande en algo más de 100 kilómetros.

El raid fue auspiciado por los gobiernos de Santa Cruz y el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e islas del Atlántico Sur (su antigua denominación) y conto con el apoyo de la PNA y la Armada argentina.

Los 130 kilómetros de recorrido entre Rio Gallegos y el Cabo Vírgenes fueron cubiertos por un camino de ripio, en mal estado. Luego de dura marcha con nerviosa expectativa por el estado del tiempo, arribamos al Vírgenes, ultimo signo de civilización de la Argentina continental, relata el autor de esta nota y protagonista de la aventura.

Las 19 embarcaciones pertenecientes a las delegaciones de Buenos Aires, puerto Deseado, Ushuaia, Rio Gallegos y a la PNA y Armada habían sido acondicionadas con anterioridad y permanecía en la playa con sus proas al mar en actitud desafiante. Los timoneles: Jose M. Valente, Federico Vieytes, Roberto Villamil, Jorge Mérelo, Alejandra y Toribio Marciale, Martin Nacarato, Luis Lecaros, Juan Carlos Begue y  Carlitos Fernández, entre otros, debieron equiparse con prontitud ya que el viento arreciaba peligrosamente. Día nublado con 10 grados de temperatura y el mar con olas de tres metros en constante aumento.

José M. Valente, Martín Nacarato, Bartolomé Abella Nazar y Federico Vieytes
José M. Valente, Martín Nacarato, Bartolomé Abella Nazar y Federico Vieytes

Ingresar al mar no fue tarea fácil: hubo que esperar el momento oportuno y buscar el hueco entre la olas para vencer la rompiente. La mitad de las embarcaciones no pudieron partir y sus restos quedaron desparramados por la playa. “Dale motor rápido, no dejes de remar crucemos la rompiente rápido» ordenaba serenamente Martín Nacarato, el timonel de nuestro bote, cuya tripulación completaba Luis Lecaros, comerciante de Mar del Plata. Impecable partida. El mar nos separaba 40 kilómetros del cabo Espíritu Santo, primer punto argentina en Tierra del Fuego. En medio del estrecho  el aviso Gurruchaga custodiaba nuestra soberanía dando apoyo a los viajeros. La navegación se hizo difícil, las olas iban en constante aumento y las ráfagas de viento, de hasta 80 kilómetros por hora amenazaban con inundar nuestro bote. Con serenidad y sincronizados movimientos de volante y motor las olas se fueron superando. Olas retorcidas, cortas y en punta que por la diversas corrientes del estrecho dejan poco valle y hay que cabalgarlas a 45 grados.

Los aviones de la gobernación y el helicóptero de la Prefectura vigilaban el recorrido de los botes. El guardacostas GC 79 Rio Deseado recorrió la zona y efectuó tareas de rescate en las embarcaciones que por diversos problemas quedaron a la deriva. Veníamos sorteando las olas cada vez más grandes para caer en un valle y vuelta a subir en la cima el viento hacia estallar con furia convirtiendo el agua  en una bruma implacable, y de pronto el motor se detuvo ¡Emergencia! «Armemos un  ancla de capa con un balde» gritó Martín en el preciso instante que una enorme ola nos dio de lleno, atontándonos  y convertir todo en un caos. En el bote flotaban los tanques de combustible, en medio de botellas de agua  mineral, sándwiches de milanesa, la pistola lanza bengala, patas de rana, herramientas, ropa y el compás. «Cambiemos los tanques de combustible» gritó   Luis mientras, le daba desenfrenados piolazos a un  motor que se negaba a funcionar. Cambiar  las  bujías  y la caja negra fue el último intento sin éxito para pasar en un instante de ser unos osados aventureros en unos náufragos  al garete en el medio del temido Estrecho de Magallanes y a bordo de un  bote Ferramar 4,70  con un maldito motor  de 50 hp. El helicóptero PUMA nos sobrevoló e indico la posición al guardacostas que después de varias horas nos rescató y llevo aguas arriba hasta Punta Quilla. Valente con Vieytes llegaron sin problemas a destino junto con otros botes de la Armada y Prefectura.

Pasaron 40 años y nada cambió, dependemos de nuestros vecinos para llegar a nuestro territorio. Una pena.

A 40 años del cruce

A 40 años del cruce

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