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Entradera en Martínez: golpearon y ataron a un abogado mientras dormía y escaparon con miles de dólares

El violento asalto ocurrió en una vivienda de Martínez. Cuatro delincuentes ingresaron durante la madrugada, redujeron al matrimonio y golpearon al abogado. Un vecino alertó al Centro de Operaciones Municipal, pero los asaltantes lograron escapar con dinero, joyas, celulares y una camioneta.

La inseguridad volvió a golpear con fuerza a una de las zonas residenciales de San Isidro. Un reconocido abogado y su esposa fueron víctimas de una violenta entradera en su vivienda de Martínez, donde cuatro delincuentes ingresaron durante la madrugada mientras la pareja dormía, los redujeron y escaparon con dinero, joyas, teléfonos celulares, tarjetas y una camioneta.

El episodio vuelve a poner bajo la lupa el funcionamiento del esquema de seguridad implementado por el intendente Ramón Lanús, particularmente en un distrito donde el Municipio viene destacando de manera reiterada la inversión realizada en cámaras, tecnología y patrullaje.

El hecho ocurrió en una vivienda ubicada en la zona de Martínez. De acuerdo con la información difundida sobre el caso, los delincuentes ingresaron por una ventana ubicada en la parte trasera del inmueble y actuaron con los rostros cubiertos y guantes.

Una vez dentro, sorprendieron al matrimonio mientras dormía. El abogado Guillermo Cabanellas fue reducido, atado y golpeado en el rostro. Recibió un fuerte puñetazo en el ojo izquierdo y posteriormente tuvo que recibir atención médica.

Los delincuentes permanecieron dentro de la propiedad y recorrieron distintos sectores de la vivienda en busca de objetos de valor.

Finalmente se llevaron unos US$4.800, joyas, dos teléfonos celulares, tarjetas de crédito y una Jeep Renegade negra, perteneciente a la esposa del abogado.

El vecino alertó al COM, pero los delincuentes escaparon

Uno de los aspectos que vuelve especialmente relevante al episodio para analizar el sistema de prevención municipal es que un vecino detectó lo que estaba ocurriendo y dio aviso al Centro de Operaciones Municipal (COM) de San Isidro mientras los delincuentes todavía se encontraban dentro de la vivienda.

Sin embargo, los cuatro asaltantes consiguieron completar el robo, salir del lugar y escapar en la camioneta de las víctimas sin ser interceptados.

La investigación quedó a cargo de la UFI en turno, encabezada por la fiscal Cecilia Chaieb, mientras la Policía trabaja para identificar y localizar a los responsables.

El contraste con el discurso de seguridad de Lanús

El caso expone nuevamente una pregunta incómoda para la gestión de Ramón Lanús: ¿qué tan efectiva es la enorme estructura de monitoreo y prevención anunciada por el Municipio cuando un grupo de delincuentes puede ingresar a una vivienda, golpear y maniatar a sus ocupantes, robar dinero y objetos de valor y escapar sin ser detenido?

La pregunta cobra mayor relevancia porque la administración municipal convirtió a la seguridad en uno de los principales ejes de su gestión.

El Municipio asegura haber realizado un recambio integral de su sistema de videovigilancia y haber instalado 2.100 nuevas cámaras, con resolución 4K, inteligencia artificial y visión nocturna. También informó la incorporación de 170 lectoras de patentes y el fortalecimiento de la Patrulla Municipal.

Según los datos oficiales, durante 2025 se realizaron 22.919 operativos de seguridad, se identificaron más de 202.000 personas y se produjeron 2.400 detenciones. La Comuna también informó una reducción del delito general y, específicamente, una caída del 34% en las entraderas respecto de 2024.

Pero mientras el Municipio exhibe esas cifras como resultado de su política de seguridad, los vecinos continúan enfrentándose a episodios de extrema violencia.

Las entraderas, un problema que sigue golpeando a San Isidro

El episodio de Martínez tampoco aparece aislado.

Durante este año ya se conocieron otros casos de entraderas violentas en el distrito. En febrero, una investigación permitió desbaratar una organización que, según la Justicia, coordinaba robos desde unidades penitenciarias y que habría cometido distintos asaltos bajo esta modalidad en San Isidro.

Uno de los casos investigados tuvo como víctima a una jubilada de 82 años, quien fue golpeada, maniatada y amenazada durante un robo en Martínez.

Además, en mayo una familia sufrió otra violenta entradera en La Horqueta, donde delincuentes redujeron a sus integrantes y escaparon con dinero, joyas, dispositivos electrónicos y un vehículo.

Los hechos no permiten por sí solos establecer una evolución estadística del delito, pero sí muestran que las entraderas continúan representando un problema concreto para los vecinos, incluso en barrios residenciales y zonas donde la presencia de cámaras y sistemas de monitoreo es presentada como uno de los principales pilares de la política de seguridad municipal.

Un área sensible y con interrogantes

La situación también se produce en un momento particularmente delicado para la estructura de Seguridad del Municipio.

Ramón Lanús había designado en julio al general retirado Jorge Berredo como secretario de Seguridad. Sin embargo, el funcionario permaneció apenas 14 días en el cargo y presentó su renuncia a comienzos de agosto por motivos personales, según la explicación oficial.

Desde entonces, la Secretaría permanece sin un nuevo titular formalmente designado, de acuerdo con información publicada por Redacción Norte a comienzos de septiembre.

En paralelo, el Municipio continúa anunciando inversiones y nuevos dispositivos de prevención. A fines de agosto, por ejemplo, Lanús y el ministro de Seguridad bonaerense Javier Alonso inauguraron una base permanente de la UTOI con 100 efectivos destinados al distrito.

La contradicción queda planteada: más cámaras, más tecnología, más patrullaje y nuevos dispositivos de seguridad, pero episodios como el ocurrido en Martínez siguen dejando a vecinos encerrados, golpeados y atados dentro de sus propias casas mientras los delincuentes consiguen escapar.

El caso vuelve a poner la seguridad en el centro de la escena en San Isidro y abre nuevamente el debate sobre la distancia entre los anuncios oficiales y la experiencia cotidiana de los vecinos frente al delito.

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