Disparó contra carpinchos en Nordelta y ahora enfrenta una denuncia penal: cuando la convivencia termina a los tiros
La Defensoría del Pueblo bonaerense denunció penalmente al vecino que fue filmado mientras disparaba contra un grupo de carpinchos en el barrio Los Alisos. El episodio expone, una vez más, el conflicto entre los habitantes de los barrios privados y la fauna silvestre que forma parte del ecosistema de la zona.
Lo que ocurrió en Nordelta difícilmente pueda ser considerado un simple problema de convivencia entre un vecino y algunos animales. Un hombre fue filmado mientras apuntaba y efectuaba disparos contra un grupo de carpinchos que se encontraba junto al lago, en el barrio Los Alisos. Las imágenes generaron indignación entre vecinos y organizaciones proteccionistas y ahora el caso llegó también a la Justicia penal.
La Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires presentó una denuncia contra el hombre y reclamó que la investigación no quede limitada a un posible caso de maltrato animal. El organismo pidió que también se analice el hecho bajo la legislación que protege a la fauna silvestre.
El episodio había ocurrido el 17 de septiembre y quedó registrado en videos realizados por vecinos. Tras la difusión de las imágenes, la investigación avanzó hasta llegar al domicilio del involucrado. Allí se realizó un allanamiento en el que fue secuestrada un arma de aire comprimido y prendas que coincidirían con las utilizadas durante el episodio.
¿Una solución a los tiros?
El caso vuelve a poner sobre la mesa una discusión que Nordelta arrastra desde hace años: qué ocurre cuando los habitantes de urbanizaciones construidas sobre antiguos humedales deben convivir con una fauna que ya estaba allí.
Los carpinchos no aparecieron de un día para el otro en Nordelta. Forman parte del ecosistema de la zona y se convirtieron en una presencia habitual dentro de la megaurbanización. El crecimiento de los barrios privados y la transformación del territorio generaron inevitablemente situaciones de conflicto, pero la respuesta no puede ser convertir un jardín residencial en un improvisado campo de tiro.
La propia Defensoría remarcó que la legislación considera como actos de caza no sólo la muerte o captura de animales, sino también su persecución y acosamiento. Por eso solicitó que se incorporen los videos originales, se perite el arma secuestrada y se determine qué normativa resulta aplicable.
El organismo fue contundente al señalar que “la convivencia con la fauna silvestre no se resuelve de esta manera”.
Y el problema excede ampliamente a un solo vecino.
Un barrio privado donde tampoco se puede disparar
Hay además otro aspecto particularmente preocupante: no se trata solamente de animales silvestres.
El hecho ocurrió dentro de una zona residencial, rodeado de viviendas y vecinos. El propio complejo Nordelta establece en su reglamento la prohibición de utilizar armas dentro de sus barrios, y la administración ya aplicó al involucrado una multa de $4,5 millones.
Es decir, la conducta denunciada no sólo habría puesto en riesgo a los animales, sino que también plantea un interrogante sobre la seguridad de quienes viven alrededor.
Porque si para solucionar la presencia de carpinchos la respuesta de un vecino es sacar un arma y disparar, el problema deja de ser exclusivamente ambiental.
La Justicia deberá determinar qué ocurrió

La denuncia de la Defensoría se incorporará a la investigación que ya tramita ante la Fiscalía de Benavídez. El organismo pidió que se analice la eventual aplicación del artículo 25 de la Ley 22.421 de protección de la fauna silvestre y de las normas previstas por el Código Rural bonaerense.
Mientras tanto, las imágenes del episodio volvieron a generar una fuerte reacción entre los habitantes de Nordelta y organizaciones proteccionistas.
El caso deja una pregunta incómoda: ¿qué clase de convivencia se pretende construir cuando la presencia de animales autóctonos es respondida a los tiros? Además los carpinchos son animales autóctonos de la zona, antes de que exista Nordelta.
Los carpinchos pueden generar daños, suciedad o conflictos en jardines y propiedades. Pero existen mecanismos para abordar esos problemas. Dispararles no sólo resulta una respuesta brutal y desproporcionada: también puede transformar un conflicto ambiental en un problema judicial y, potencialmente, de seguridad para toda una comunidad.




