Escribano: 60 años de periodismo y poder en La Nación

Por Bartolomé Abella Nazar

El libro narra la historia reciente de nuestro país. Con un trabajo de investigación profundo se consiguieron valiosas declaraciones, recuerdos y anécdotas de uno de los periodistas más brillantes del país , muy conocido por su excelsa pluma.

Coincido con Joaquín Morales Solá en la crónica del libro que publicó en La Nación en que “esta nota no será objetiva: José Claudio Escribano diría que los periodistas no deben escribir nunca bajo los efectos de las emociones y los sentimientos”. Yo también como Joaquín, los defraudaré.

Porque la vida de jce (como le gusta firmar) estuvo entrelazada por designios del destino con nuestra familia y sin ser parientes, siempre la considero como parte de la suya. Ese cariño es reciproco, y en mi familia cada vez que se lo menciona surge un profundo respeto, admiración y agradecimiento.

Cuando ingresó en La Nación a los 18 años, compartió tareas en la redacción con nuestro hermano mayor Eduardo, con quien habían sido compañeros del Liceo Naval Almirante Brown, y cuando jce fue promovido a la sección política, Eduardo lo reemplazó en la de Fuerzas Armadas.

Fue en cumplimiento de esa nueva función que a Eduardo lo enviaron a Mar del Plata a cubrir unos ejercicios aéreos. Durante su misión la aeronave que nuestro hermano tripulaba junto al Primer Teniente Helvo F. Zocchi se precipitó a tierra, perdiendo sus vidas. La sala de periodistas del Edificio del Comando en Jefe de la Fuerza Aérea lleva su nombre como reconocimiento “al primer periodista caído en cumplimiento del deber”. Escribano siempre afirmó que quizá ese hubiera sido su destino, aunque con su natural modestia admitió que desconocía si hubiera tenido la osadía y el coraje de abordar la nave como si lo hizo Eduardo.

Los lazos entre jce y mi familia se intensificaron con el paso de los años y siempre encontramos en él una particular atención y a un interlocutor válido en cuestiones laborales y profesionales. Sentimos con José Claudio un afecto mutuo.

Calegaris y Encarnación Ezcurra, autores del libro “Escribano. 60 años de periodismo y poder en La Nación” no debió ser tarea sencilla resumir sus 60 años de periodismo en las 471 páginas recientemente editadas por Planeta.

Es una de las obras actuales de lectura obligatoria, porque relata la biografía del periodista y su labor, desde los sucesos mas relevantes de la Argentina contemporánea en que el intervino.

Con excelente estilo y de una lectura amena, los autores supieron entrelazar momentos vividos por el entrevistado con situaciones inéditas y desconocidas por muchos de nosotros. Por ejemplo, cómo soslayar y pasar por alto que
fue el mismo Escribano quien le comunicó a un “perplejo” Alberto Fernández, que Carlos Menen no se presentaría al ballotage y que Nestor Kirchner sería presidente de los Argentinos. Historia pura.

Al cumplirse 50 años de la muerte en Vietnam de nuestro primo Ignacio Ezcurra, fui convocado por la Fundación Vasca Juan de Garay a dar una charla en el Jockey Club de Buenos Aires. Eduardo, Ignacio y José Claudio habían sido en su momento la nueva generación de periodistas del diario.

Traté con excusas de sacarme el sayo argumentando que yo no era el más indicado, pero no pude renunciar al  convite. Pensé que el único que me podía salvar sería jce, que era el único sobreviviente.

Tenía muy claro que podía recibir su negativa; su timidez, modestia y bajo perfil lo habrían justificado. Sin embargo su respuesta me dejo perplejo, “te acompaño a dar la charla, pero el principal orador sos vos. Solo una persona de enorme grandeza pudo tener tamaña actitud.

En la charla, para romper el hielo, dije ante las carcajadas de los presentes que dar una conferencia con Escribano era como jugar un partido de dobles en tenis con Del Potro de compañero.

Con prodigiosa memoria de fechas, hechos y vivencias jce fue contando y entretejiendo historias de su vida en La Nación en sus distintas épocas. Imperceptiblemente, su bonhomía lo oriento a dar un mensaje de esperanza que
muchos recibimos, demostrándonos con vivencia concretas que el país había pasado por etapas mucho más dramáticas que las que se planteaban en ese momento.

Cerró su charla con este relato: “los designios del destino tienen misteriosos imponderables que hacen que la vida sea mágica”: hace muchos años Jorge Zorreguieta me entregó el C.V. de su hija Máxima que había quedado desempleada, para ver si le podía hacer algún contacto entre mis conocidos. Tiempo después, entrando
en La Nación tropecé con una rubia muy bonita. Era Máxima. De repente me di cuenta que había olvidado encima de mi escritorio el sobre con su curriculum y de inmediato me comprometí a realizarle alguna gestión. Me contestó:
“no te preocupes, me voy a vivir a New York donde conseguí un trabajo”.

Con otra muestra de su calidad, jce concluyó diciendo que “por mi olvido y los designios del destino,
Máxima no solo consiguió un trabajo, sino que también consiguió un reino”.

Escribano: 60 años de periodismo y poder en La Nación
Escribano: 60 años de periodismo y poder
en La Nación

Noticias relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close