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Entre quejas y tensión, San Isidro aprobó un nuevo código urbano que redefine cómo se va a construir

Con acceso limitado al recinto y reclamos en la calle, el oficialismo avanzó con una reforma que apunta al oeste del distrito, habilita unidades más pequeñas y abre interrogantes sobre el impacto en los barrios.

La reforma del Código de Ordenamiento Urbano de San Isidro ya es un hecho. Después de meses de discusión, cruces políticos y reclamos vecinales, el Concejo Deliberante aprobó los cambios impulsados por el intendente Ramón Lanús. Pero lejos de ser una sesión más, lo que se vivió adentro y afuera del recinto dejó en claro que el tema sigue generando ruido en el distrito.

Desde temprano, la escena fue clara: vecinos movilizados, carteles en mano y fuertes cuestionamientos a cómo se llevó adelante el proceso. Muchos ni siquiera pudieron entrar. Solo unas 30 personas tenían autorización para acceder, una decisión que cayó muy mal entre quienes se acercaron para seguir el debate en primera persona.

Mientras tanto, afuera se escuchaban consignas comoNo a los cambios a espaldas de los vecinos” o reclamos puntuales por espacios verdes y el futuro de la costa. La tensión también se trasladó al recinto, donde no faltaron cruces entre concejales y vecinos durante una sesión que arrancó con demora y se estiró varias horas.

Finalmente, el oficialismo consiguió lo que buscaba: con 14 votos a favor, se aprobó la modificación del código.

Qué cambia en concreto

Más allá del ruido político, la reforma trae cambios concretos que impactan directamente en cómo se va a construir en San Isidro.

Uno de los puntos clave es la posibilidad de hacer viviendas más chicas. En zonas del oeste, como Boulogne y Villa Adelina, el mínimo para monoambientes baja de 55 a 35 metros cuadrados.

La idea del municipio es clara: facilitar el acceso a la vivienda y generar más oferta, sobre todo para jóvenes y familias que hoy no pueden comprar o alquilar en el distrito. También se habilitan desarrollos más compactos y multifamiliares, con cambios en los requisitos de los lotes. Por ejemplo, se permitirá construir en parcelas más angostas, desde 4,33 metros de ancho y 125 m² de superficie en ciertas zonas.

Según el oficialismo, esto no implica torres ni cambios drásticos en la fisonomía del distrito: las alturas máximas se mantienen. Lo que cambia es cómo se aprovecha el suelo dentro de esas reglas.

El foco en el oeste del distrito

No es casual que los cambios apunten principalmente a Boulogne y Villa Adelina. Desde el municipio aseguran que son zonas que vienen quedando rezagadas, con poco desarrollo y pérdida de población joven.

La apuesta es “reactivar” esos barrios con más viviendas, comercios y movimiento, sin —según plantean— perder la identidad barrial.

Pero no todos compran ese argumento. Parte de la oposición y varias organizaciones vecinales sostienen que esto puede terminar generando una densificación que no está acompañada por infraestructura suficiente.

Costa, barranca y polémica

Otro eje fuerte del proyecto tiene que ver con la costa, uno de los temas más sensibles en San Isidro.

La reforma crea una nueva figura: el Área Intangible para Predios en Barranca, que busca preservar esa zona de futuras construcciones.

Además, se establece la prohibición de construir viviendas en ciertos sectores de la costa, con la idea de garantizar el acceso público.

Desde el gobierno lo presentan como un avance importante. Pero desde la vereda de enfrente desconfían: advierten que puede haber discrecionalidad en cómo se aplican esas restricciones y recuerdan antecedentes recientes de proyectos inmobiliarios en la ribera.

Patrimonio y edificios históricos

La nueva normativa también suma un capítulo sobre patrimonio. Se crea la categoría de “Inmuebles de Potencial Valor Patrimonial”, que incluye construcciones anteriores a 1946 o con valor arquitectónico o histórico.

A partir de ahora, esos inmuebles deberán ser evaluados antes de autorizar demoliciones o modificaciones, algo que apunta a evitar que desaparezcan construcciones con identidad local.

El reclamo que sigue

Más allá de la aprobación, el conflicto está lejos de cerrarse. Durante todo el proceso, vecinos y concejales opositores insistieron en lo mismo: falta de participación y de estudios previos.

Cuestionan que no se haya realizado una audiencia pública formal ni presentado informes de impacto ambiental completos antes de avanzar.

También remarcan que, aunque el proyecto tuvo cambios respecto a versiones anteriores, mantiene la misma lógica de fondo.

Lo que viene

Con la ordenanza ya aprobada, ahora empieza otra etapa: ver cómo se aplica en la práctica.

El oficialismo habla de un “paso histórico” y de una herramienta para ordenar el crecimiento. Del otro lado, hay vecinos que siguen en alerta y prometen seguir de cerca cada avance.

Porque si algo quedó claro en esta discusión es que el desarrollo urbano en San Isidro no es solo una cuestión técnica: es, sobre todo, una pelea por cómo se quiere vivir el distrito en los próximos años.

Qué dice la oposición

Federico Meca y grupo de vecinos se quejaron en el inicio de la sesión porque solo podían ingresar aquellos autorizados
Federico Meca y grupo de vecinos se quejaron en el inicio de la sesión porque solo podían ingresar aquellos autorizados

El concejal Federico Meca fue uno de los más duros al momento de cuestionar la reforma del Código de Ordenamiento Urbano en San Isidro, y lo dejó claro con declaraciones directas durante el debate.

Este proyecto no tiene estudios de impacto ni ambiental ni urbano, y tampoco tuvo instancias reales de participación vecinal”, advirtió, marcando uno de los ejes de su rechazo.

En la misma línea, insistió en que la iniciativa se trató sin el consenso necesario: “No hubo consultas públicas ni mecanismos reales para que los vecinos opinen sobre un cambio tan importante”.

Meca también apuntó contra lo que considera un margen excesivo de discrecionalidad en la aplicación de la norma: “Se le está dando al Ejecutivo y a las áreas técnicas una capacidad demasiado amplia para decidir sobre excepciones y proyectos”.

Uno de los momentos más filosos de su intervención fue cuando vinculó el discurso oficial con decisiones concretas: “Si realmente se busca una costa libre, ¿por qué se vetó la protección del Parque Águila?”.

De todos modos, dejó entrever que no todo el contenido le resultaba negativo: “Hay puntos en los que podemos coincidir, como la idea de limitar la construcción en la costa, pero eso no alcanza para acompañar una reforma hecha de esta manera”.

En síntesis, el edil cerró su postura con una definición política clara: “Así como está planteado, este código abre la puerta a desarrollos que pueden cambiar la identidad de San Isidro, y sin los controles necesarios”.

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