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¿Puede la tecnología, por sí sola, mejorar la seguridad?

La instalación de 425 nuevas cámaras con Inteligencia Artificial en Martínez y Acassuso representa una de las inversiones tecnológicas más importantes en materia de videovigilancia realizadas por el Municipio de San Isidro en los últimos años. El incremento del 30% en la cobertura y la incorporación de funciones como detección automática de situaciones sospechosas y lectura de patentes constituyen, sin dudas, un salto de calidad respecto de los sistemas tradicionales.

Sin embargo, la experiencia en distintos distritos del conurbano muestra que el aumento de cámaras no siempre se traduce automáticamente en una disminución del delito.

Las cámaras cumplen un rol central como herramienta de monitoreo, seguimiento e investigación posterior, pero su capacidad preventiva depende de factores que van más allá de la tecnología. La clave está en lo que ocurre después de que el sistema detecta una situación sospechosa.

En corredores estratégicos como la avenida Santa Fe, el Bajo de Acassuso, la costa del río o las inmediaciones del Unicenter, los nuevos dispositivos permiten registrar con mayor precisión movimientos y vehículos. No obstante, vecinos y comerciantes advierten que muchos hechos delictivos continúan produciéndose incluso en zonas ampliamente monitoreadas, especialmente robos rápidos, arrebatos y entraderas.

Nuevas cámaras con IA
Nuevas cámaras con IA

La diferencia no está solamente en cuántas cámaras hay, sino en:

  • la cantidad de móviles disponibles para intervenir,

  • el tiempo real de respuesta ante una alerta,

  • la presencia preventiva en la vía pública,

  • y la articulación efectiva con la Justicia.

Especialistas en seguridad coinciden en que la videovigilancia funciona como un sistema de apoyo, pero no reemplaza la presencia territorial. Cuando los delincuentes perciben que no existe una respuesta inmediata o consecuencias concretas, la capacidad disuasiva de las cámaras se reduce.

Incluso, en muchos casos, las imágenes terminan siendo utilizadas únicamente como registro posterior del delito, sin que ello implique una detención rápida o una investigación que permita desarticular bandas.

De este modo, el desafío para el Municipio no pasa únicamente por alcanzar las 2.646 cámaras distribuidas en el partido, sino por garantizar que la tecnología se integre a una política de seguridad más amplia, con patrullaje visible, prevención, controles coordinados y seguimiento judicial.

La Inteligencia Artificial puede aportar información valiosa y acelerar alertas, pero no sustituye al recurso humano ni a la decisión política de sostener la seguridad en la calle. De lo contrario, el riesgo es que las cámaras sigan mostrando el delito con mayor nitidez, pero sin lograr reducirlo de manera significativa.

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