Opinión

Celebrando la nada misma

Por Román Iglesias Brickles

El mundo de las ideas, puras de entusiasmo y bien nacidas de intención es maravilloso. En él habitan los más profundos conceptos, la raíz de todas las iniciativas y la llave maestra de todas las soluciones. Observado en detalle es un paraíso idílico en el que la Humanidad tiene la posibilidad de hallar la resolución de cada una de sus situaciones problemáticas, siempre y cuando haga la traslación correspondiente. Vivir de lleno en aquel estado supone un desentendimiento pleno de la realidad. No es posible habitar los dos mundos al mismo tiempo. Ni todo son las ideas ni la solución de todo es hacer por hacer. La gestión de los recursos debe tener el aval de las ideas pero sólo a modo de guía. En el terreno, plagado de factores concomitantes, hay que resolver. Ya no importa la teoría del pozo: hay que agarrar la pala y cavar.

 

A nivel nacional nos encontramos con un presidente conferencista que va por el mundo compartiendo su doctrina liberal libertaria. Adorando el mundo de las ideas se embarca en una lucha libertadora de las democracias modernas frente a un mundo que ve a Milei con la sorpresa de la novedad. De estar al borde de ser lo peor de Venezuela, la bendita Argentina produce un mandatario que vocifera las ideas de la Libertad con el pelo revuelto y notable histrionismo. Milei es el presidente de un país meme que se debate entre la pobreza estructural, la falta de trabajo formal, el atraso milenario en su gestión y corrupción endémica, entre muchas otras falencias urgentes. 

 

Es abrumador el estado calamitoso del país, la calidad de vida de la sociedad y el hambre que pasa la gente. Con recesión e inflación, la actividad económica está virtualmente paralizada: no hay obra pública, la industria cae mes a mes y escasea el trabajo formal e informal. Si bien el proceso inflacionario se desacelera, lo cierto es que más de la mitad de los argentinos son pobres y dependen de un milagro para llegar a fin de mes. 

 

Por otro lado, todo esto que sucede a “nivel nacional” es como mirar las estrellas para los ciudadanos. Todo pasa lejos, como un ruido que aturde y distrae. En la diaria, en el día a día donde se necesita que la papa llene la olla, todo se desvanece cuando le roban el celular al laburante que espera el colectivo a las 6 am, lo asaltan en la casa para robarle lo poco que tiene o espera que le llegue la changa que le salve la semana. Tan difícil está la situación actual que se festeja que baje la inflación aunque no nos alcance la guita para llenar un changuito. Lo mismo que la ilusión de todo. Las ganas de festejar algo a favor son tan fuertes que rozan lo improbable. La naturaleza humana es un universo en sí misma y un misterio totalmente inexplicable. Y la expectativa es tan pero tan baja que en un mundo imposible todo es posible. 

 

El otro día me crucé con un reconocido vecino de San Isidro que venía casi flotando de la emoción. Era un manojo de emociones que no podía controlar. Yo no entendía bien cuál era el origen de semejante estado. Pero casi que al borde de las lágrimas, mientras nos terminamos de abrazar tras no encontrarnos hace rato, me miró a los ojos y me dijo: “No sabes lo que pasó. Estamos felices. Hoy pasó el camión de basura y levantó todo. Todavía quedaban restos de aquella tremenda tormenta de diciembre” sostuvo mirándome fijo. Y para rematar, agregó: “Y lo mejor es que volvieron los barrenderos, Román. ¡Volvieron!”. 

 

¡Viva la Libertad, carajo!

Román Iglesias Brickles
Román Iglesias Brickles

Román Iglesias Brickles

rib@mediakit.com.ar 

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