Opinión

Mientras tanto la vida pasa

Por Román Iglesias Brickles

Ni Suiza ni Argenzuela. No veníamos de ahí ni tampoco descendimos hasta allá. La realidad de la Argentina es tan compleja que, gracias a su idiosincrasia, mecanismos internos y nivel socio cultural logró cambiar un destino de fracaso seguro. El modelo de gobierno que se venía empleando no hacía más que profundizar los errores y se estaba acelerando derecho al precipicio. Sin embargo, un cambio a tiempo nos sacó del destrozo asegurado a un impasse de espera. Es como si en una película su pusiera pausa antes del momento de la tragedia. Lo bueno (o malo) es que esa película no tiene un final asegurado.

Con nuevas y viejas técnicas de hacer política, Milei va surcando los caminos del abismo tratando de mantener la dirección y, al mismo tiempo, codificar un nuevo rumbo. Ni todo se puede resolver ya mismo, ni nadie es infalible. En ese contexto, de dulzura más agria que naranja de vereda, los argentinos hacemos muecas de sonrisa cuando se habla de la “macro” y la mejoría de sus variables pero sufrimos fuerte cuando llegan las boletas de servicios, colegios y prepagas. La realidad es más dura que las Puertas Pentágono: el Gobierno tiene que mostrar algo tangible lo más rápido posible porque los ciudadanos pasan hambre de verdad.

Mientras tanto, la vida pasa como por un colador de sensaciones. Una tribuna nacional, conformada por todos los argentinos laburantes, le pone cabeza positiva a este período aunque sin alardear de nada, que las cuentas no se pagan solas. Mucho hablar de casta, puestos, privilegios y acción para copar la agenda diaria pero en Tierra del Fuego y las empresas beneficiadas por el régimen de promoción industrial todo sigue igual. El mismísimo José Luis Espert dijo sobre ese tema: “Es una manera corrupta para hacerte millonario”. En tanto, en la Corte Suprema se prepara la llegada del juez Ariel Lijo, muy cuestionado por sus antecedentes jurídicos. Dentro de este desbarajuste general de la economía, la inseguridad sigue siendo otra preocupación capital. En zona norte, dónde peor la están pasando los vecinos es en Boulogne, aunque también en una buena parte del partido de San Isidro. Una ola de asaltos al voleo, intrusiones de casas y arrebatos mantienen en vilo a los vecinos. Su vida se convirtió en sinónimo de miedo. Lo de San Isidro es Distinto parece un slogan de una época dorada lejana en el tiempo. Y lo del “no hay plata” es tan cierto como el choreo contante y sonante.

Y, en medio de todo el barullo que distrae, estremece y se lleva buena parte de la atención, lo importante parece quedar relegado hasta que la realidad toca el timbre. Y ahí sí, sin vueltas, recupera el foco total; se para el tiempo, se congela el espacio. Mi gran amigo Martín Defferrari o Enano, Deffe, Gamuza que siempre miraba el medio vaso lleno y creía que la solución siempre era posible a nivel nacional, nos dejó a los 46 años. Un personaje difícil de encuadrar pero muy fácil de querer. “Lo llamaron desde arriba porque lo necesitaban para otra misión” me dijo mi madre el día que se enteró. Y yo no puedo más que creerle porque acá en la Tierra cumplió la suya con creces. Ojalá que la misión de los que todavía están acá sea tan noble como el alma de nuestro querido Enano.

Román Iglesias Brickles
Román Iglesias Brickles

Román Iglesias Brickles

rib@mediakit.com.ar 

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