
En medio de un clima que va tomando temperatura de frente a las elecciones legislativas, el ritmo de la política se mide con el humor y ánimo de la gente. Con el sablazo consumado del impuesto provincial, pocos son los bonaerenses que discuten si van a apoyar o no a la actual administración. Con mucho retraso en cada acción (la tragedia de Bahía Blanca volvió a exponer a Kicillof), la ciudadanía no solo está desamparada ante cualquier eventualidad sino que todo esto se suma a la exasperante inseguridad que azota el conurbano. Los intendentes están en estado de alarma ya que esta carencia de mando y sus consecuentes resultados hacen que los vecinos le reclamen el doble a cada alcalde. El gobernador, desde La Plata, hace oídos sordos y sigue su pelea ideológica con Milei mientras en el terreno la gente padece penurias africanas (con perdón de África). Robos, hurtos, asentamientos ilegales, tomas de terrenos y hasta asesinatos frecuentes son parte del paisaje diario en lo que se asemeja más al infierno del Dante que a la provincia más importante y rica del país.
En medio de este escenario, el armado de distintas coaliciones prolifera. Son muy pocos los que quieren quedarse pegados a una gestión que hace 6 años conduce en PBA y que los resultados están tan a la luz. Ramón Lanus, por caso, es uno de los intendentes que disfruta de fotografiarse con Kicillof. Recientemente se lo vio recibiendo algunos patrulleros ploteados con el logo de San Isidro de azul, color característico de la gestión que reemplazó cuando asumió a fin de 2023 (hoy usa el verde). En el Pro no cayó nada bien esta situación ya que ahora nadie sabe a ciencia cierta si sigue siendo tropa propia o no. Se encendió una luz de alarma en este sentido, sobre todo de cara a los próximos comicios.
En la vereda contraria se encuentra el experimentado Julio Zamora, intendente de Tigre, que soportó mucho maltrato por parte de la gobernación y de CFK en su momento y se erigió como uno de los constructores de la alternativa para el peronismo “díscolo” en la provincia. Esta vía está latente y expectante de los próximos movimientos pero lo cierto es que el ex maquinista se sienta a la cabecera de esa mesa plural. “Lo que logró Zamora fue una pueblada” rememora un sabio cacique zonal al hablar del triunfo sobre el massismo en 2023. Justamente, este mismo estaría poniendo en valor y vigencia su capilaridad en uno de los distritos más importantes de la zona norte. Existe mucho nerviosismo puertas adentro de la intendencia que emparcha sus calles bajo el slogan “no más parches”. El tiempo dirá cómo se define el ring legislativo de este año.
Pero, más allá de los nombres, los referentes o los que cursan su pasantía existe un denominador común en esta nueva época electoral: la gente no come vidrio ni es tonta. Puede aguantarse un poco si le suben la tasa municipal por las nubes o sufrir la inseguridad por doquier pero todo tiene un límite. La gestión, por más disfraz o sonrisa de Instagram que se esfuercen en disimular, no puede esconderse: todo sale a la luz. Y en el momento de entrar al cuarto oscuro, el castigo o el respaldo será implacable a la hora de votar.

Román Iglesias Brickles